sábado, 21 de febrero de 2015

Al todo poderoso


(Dime) tú,
(Cómo se siente) controlar mi eje.
Qué ganas con (arrancarme) todo menos el núcleo.
Porque todo gira.
Todo se mueve.
Y mis raíces sembradas en el suelo
No me permiten girar con el universo.
Me (amarraste).
Y todo se mueve alrededor,
Lo mueves todo y me dejas quieta.
Y me dejas quieta.
Y quieta observo como las constantes se van.
Y quieta sufro como me desvisten y me cambian a tu gusto.
Y quieta pretendas que lo acepte todo.
Y todo lo decides tú.
Pero soy yo quien lo sufre.
(Decides) quién llevarte.
Decides a quien traer.
Decides de quién me despido.
(Pero yo lo siento), callada, lo siento.
Callada quieres que acepte tus intenciones.
Sin hablar esperas que te agradezca.
Porque lo sabes todo. Porque solo quieres lo mejor.
Pero para quién quieres lo mejor?
Decides cuando herirme y cuando sanarme.
Decides que sufra.
Dime entonces cómo se siente.
Cómo se siente verme llorar.
Cómo se siente verme despidiéndome.
Cómo se siente saber que sufro.
Cómo pretendes que me quede inmóvil y sumisa a tu disposición.
Si no sé quién eres.

jueves, 29 de enero de 2015

Dos

Si los sentidos están limitados a la caducidad de nuestro cuerpo, amar es retar los paradigmas de ellos (a tu epítome)

Sentirte y fundirnos hasta ser uno. Palpar todo lo que eres, que nuestros cuerpos no sean reconocibles por su cuenta.

Olerte hasta reconocer sin más quién eres, saber a perfección todo lo que te hace ser.

Saborearte: Que mis gustos se concluyan en tí. Que me permitas disfrutar del néctar de tu boca, que al son de besos baile un vals sobre tu cuerpo.

Verte, hasta que no ueda verte más. Mirarte aunque no estés.

Escucharte, sólo escuchar. Retar el tiempo y hacer nuestra la infinidad de dos. Aquella que se vuelve perenne cuando pronuncies el último "Te amo".

lunes, 26 de enero de 2015

Los lunes





Los lunes creo en el amor.
El sol brilla y las nubes no se ven. 
Los martes recuerdo su nombre. 
Se me nubla la mente. 

Los lunes creo en el amor. 
Pero llega el miércoles y recuerdo que él se fue. 
Recuerdo también los jueves que pasé llorando. 
Se me nubla el corazón. 

Los lunes creo en el amor.
 Pero el viernes es travieso. 
Se me esconde y llega de sorpresa y sin aviso. 
Y no puedo evitar tampoco que fue un viernes. 
Que un viernes me dijo adiós. 
Se me inundan los ojos. 

Los lunes creo en el amor.
Pero el sábado recojo mis escombros. 
Los escombros que el dejó.
Mis domingos son para sacarme toda el agua que tragué mientras él dejó que me ahogara
Me adhiero. Me formo. Vuelvo a ser. 
 Me seco. Pasó la lluvia. 

Los lunes, creo en el amor. 

miércoles, 21 de enero de 2015

La caja

20150121

3:55am

(me disculpo por la ausencia)

Encontré el sueño en el punto epítome de mi nostalgia anoche. Entre cajas de fotos viejas, memorias, y una vida resumida, caí rendida ante las condiciones de la caducidad de mi cuerpo humano. Es ahora cuando me encuentro despierta ante la intensidad de mi melancolía, y mi mente no se apaga de ninguna forma pensable.

Mi madre es un sujeto mítico, así como una sirena. Nunca la comprendí, nunca me comprendió, existen indicios de que estuvo, así como la mar para dejarnos saber que quizás existen las sirenas, pero alguna evidencia concreta y tangible se marchó algunos años para los fríos del norte. Acepté la idea de su despedida, pero nunca pude asimilar de manera completa qué era ella, qué la hacía ser, y la necesidad surge de una ansiedad propia de saber qué me hace ser.

Dejó su vida en una caja. Y me pregunto, en algún momento me sentiré tan desesperada por huir que dejaré todo atrás en una caja? Bueno, la caja, como me gusta llamarle, me dice más de quién era ella que lo que ella misma me ha expresado. Entre tanto rodeo ya llego a mi punto, encontré a Victor en sus famosos mementos.

De pequeña, mi madre me hablaba de Victor. Me contaba del amor de su vida que a pesar de nunca perternecerle, fue alineado por los cosmos a oportunidades en las que pudieron haberlo dejado todo atrás y estar juntos, pero mi padre no se llama Victor. En ese instante vi que en realidad entender a mi madre no me diría nada de quién soy.

Vi las fotos de Victor, se veía felíz. Me pregunto a veces cuán distinta mi vida hubiese sido si Victor fuese mi padre, y aunque me gusta la idea de que mi madre seguiría aquí, y todo hubiese sido distinto, la realidad concluye que cuando se trata de seres como ella, nada hubiera cambiado. Mi madre hubiese seguido siendo una sirena insatisfecha con su vida de mar y con ansias de llegar a la tierra, existen seres así.

El enemigo no es la vida, ella tuvo su oportunidad. Victor vino en varias ocasiones a buscarla, ya que el compartía la idea, pero ella hizo caso omiso. Al final del día, no están juntos. Entonces cuál es la moraleja de mi historia? Olvidar la razón y dejar que los instintos hablen al presentarse una oportunidad con nuestra verdadera felicidad? No. Estaría mintiendo. La moraleja de mi historia es más egoísta.

No quiero rendirme ante mis circunstancias. No quiero encontrarme adulta y admitirme que no estoy con la persona con la que en realidad quiero estar. No quiero ser como ella. No soy como ella. Dejaré que la caja continúe siendo evidencia de que existió, pero no pensaré en que ésta diga nada sobre quién soy.

Andrea

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Nacer

Gritarás, y nadie te escuchará. Desperdiciarás tu aire en exhalar a viva voz las penas que tanto te pesan, buscando en otros el alivio que tú misma no te puedes brindar. Pero nadie escuchará. Todos seguirán sus rumbos de manera aparte al tuyo. Darán paso tras paso, y sus cabezas girando en ángulos de 90 no darán la escala que les permitirá verte. Eres invisible. Lo aceptarás, entenderás y odiarás.

Te comenzarás a ahogar en tus propias lágrimas. Una a una; éstas se te acumularán en la parte más posterior de la garganta, formandote un nudo que no te hará posible la respiración. Desesperada, buscarás vomitar cada una de ellas, tendrás como meta vaciarte del agua que te roba la vida segundo tras segundo, pero será en vano. Aunque no te ven; te ahogan.

Nadie escucha, aunque todos prometen oir. Nadie te escuchará aunque te prometerán oirte. No estás lista para escuchar lo que tienen que decir. No estarás lista para escuchar lo que te dirán: Nunca estuviste lista para nacer. Nunca estarás lista para morir.

viernes, 17 de octubre de 2014

Diálogo

17 de octubre 2014


Crecí en un hogar en el que la moneda más valiosa eran las palabras. Mi madre solía decirme que mi riqueza se definiría por la cantidad y diversidad de palabras con las que pudiese expresarme. Por mucho tiempo, creí en esto como algo cierto. Solía fijarme en personas que no tenían la misma espontaneidad al hablar que yo y les consideraba pobre, por lo que les dirigía la palabra tratando de hacerlos un poco más ricos. Porque la riqueza estaba en la palabra, estaba en expresarse.

Con el tiempo fui comprendiendo que no todo lo que mi madre decía era real, y mi riqueza era una de sus mentiras. La lección que me enseño fue una que me causó muchos problemas al crecer, pues estoy predestinada a entender que aquellos que no dominan la palabra, no dominan la vida. Por lo tanto, cuando no domino mi vida, me hago nada, me vuelvo vacío, no hablo.

Al momento en el que mi alma se encuentra en su punto más escaso, callo. Y aunque no quiera callar, lo hago. Son momentos como éstos en los que entiendo que prefiero hacer silencio, reconstruirme, ahorrar para crecer mis riquezas y en su debido momento, volver a hablar.

domingo, 5 de octubre de 2014

"Real"

Octubre 5, 2014

Resulta que al final todos nos engañan. No es tan blanco y negro como se nos había prometido. En aquellas dos inocentes e utópicas franjas opuestas, nuestra sociedad se encargade embrutecernos ante el medio ambiente en una situación en la que solo conocieramos y reconocieramos (valga la diferencia) dos ámbitos únicos del lo concreto. Pero nos enteramos que entre todas las estafas que nos hacen, esta es de las mayores.  No hay cosa tal como el bien y el mal.

Son demasiadas las escalas de grises que se abstienen de mostrar, y al descubrirlas, esos sútiles e indefensos tonos de color pasaban a tomar una forma por desconocida, marginada. Se podría decir que la razón por la cual resulta mejor darnos dos extremos, surge de la necesidad de un control social que sería imposible de lo contrario. Si se nos dijera que no hay cosa tal como un mal determinado o un bien contundente, no nos veríamos limitados en ningún aspecto de nuestra conducta. Es por esto que una intención de bien común resulta en uno de los fenómenos que más afecta a la raza humana.

Estamos biológicamente (casi) incapacitados para diferenciar el blanco del negro. No estamos aptos para reconocer los grises. La falta de tolerancia que tenemos ante cualquier sujeto que se atreva a desafiar nuestros limitados dos extremos es el catalizador de todas las manifestaciones que comprueban que aunque se considere lo contrario, seguimos siendo la especie más ignorante que ha caminado por la faz de la tierra.

Aura