domingo, 19 de mayo de 2013

Instantes

Mayo 19, 2013

     Me atrevería a decir que la subjetividad que la vida trae consigo es quizás uno de los factores que más emoción y dolor le traen a ella, así como el concepto intangible del amor. Ahora bien, al hablar del tipo de subjetividad que en cuánto al tiempo se refiere, se incluyen prospectos, ideas, pensamientos y sucesos que forman parte de nuestro pasado, afectan nuestro presente que constantemente se agota para ser pasado, que solo sucede en el anhelo del futuro. ¿Qué?

     La relatividad del tiempo es uno de esos temas que la comunidad científica lleva siglos tratando de explicar pero no toda la evidencia empírica del planeta podría demostrar cómo nuestro pasado, presente y futuro son una simple línea que se entrelaza de tal manera en la que parecen ser tres entes completamente distintos, pero no lo son. ¿A qué me refiero? ¿Porqué discutir la imperante necesidad de tomar buenas desiciones para el futuro, cuando éste en algún momento será pasado? ¿Cómo distinguir en qué preciso instante nuestro presente cesa de existir? ¿Si nuestro pasado, ahora es presente y nuestro presente es el futuro de nuestro pasado, acaso no se vive en los tres a la vez? ¿Acaso no sería más simple dejar de categorizar nuestra vida en presente pasado y futuro y solo llamarle una compilación de instantes?

Aria  

sábado, 27 de abril de 2013

Premura

Abril 27, 2013


      Ser paciente es una de esas virtudes con las que no nací, y debido a mi falta de tan importante valor, resulta una reacción en cadena que me forma como persona espontánea, impulsiva e indecisa. Por no tener la capacidad de ser paciente, se desarrollan en mi los imperantes deseos de que todo ocurra a mi tiempo, a mi paso, y de no ser así, tener que hacer todo lo necesario para que así sea. Ahora bien, la pasión extrema que llevo conmigo sí tiene sus beneficios, pero la necesidad de tomar acción y de tener el control sobre todo lo que ocurre no.

     Si pudiese simplemente esperar, las cosas serían muy distintas, pues mi prisa me priva de la belleza y sorpresa del final. Está de más mencionar que detesto las sorpresas, a un nivel que no es normal, lo que posiblemente se debe a mis rasgos obsesivos de tener que controlar todo, y siempre saber todo antes que todo el mundo. Al decir esto puedo sonar como una loca desquisiada cuyas ganas de controlar todo la llevarían a las medidas más extremas imaginables, pero no. Simplemente es una manera de abrirme más a ustedes, público invisible hasta donde conozco. Volviendo a mis rasgos obsesivos; tenerlos me impide muchas cosas. No puedo esperar el final de una película sin antes buscarlo o leerlo, no puedo esperar a que las personas regresen a mi pues si quiero su compañía es muy posible que sea yo quién haga el acercamiento y más que nada, me crea la gigantezca duda de saber si las cosas ocurren porque estaban predestinadas o porque mis acciones las llevaron a ocurrir.

Aria 

lunes, 18 de marzo de 2013

Muerta

Marzo 18, 2013

      Adiós o hasta luego. No saber hasta cuándo me despido me mata. Debo pensar que estarás mejor, eso dicen al menos, pero ¿y si simplemente no estás? ¿Y Si dejaste de existir en el momento que tomaste tu último suspiro? Si ya mis palabras, mis disculpas y mis acciones no tienen diferencia, si no podrás escuchar la melodía que te dediqué aquella noche, entonces seré yo quien estará muerta. Mis causas de muerte, desesperación, angustia, y culpa.

 

domingo, 24 de febrero de 2013

Extrañando (te)

Febrero 24, 2013

     La vida da tantas vueltas.. Tantas. Me es imposible verbalizar cuánto te extraño, cuánto quisiera tener mi final felíz. Hace algunas entradas escribí como no sabía si era capaz de enamorarme, y la tontez de la idea, pero ya ves, aquí estoy, dedicándote cada uno de mis pensamientos. Entre tanto y tanto suceder perdí de vista lo importante que eras, que eres. Te necesitaba. Me olvidé de cómo podía decirte cualquier cosa, de las conversaciones eternas y sin sentido que teníamos, y lo cómoda y segura que me sentía en tus brazos. Me descuidé, ahora lo se. Permití que mi único rayo de sol entre tanta oscuridad desapareciera. Y lo peor de todo es que por más que intente, ya es muy tarde... Ahora solo quiero un abrazo más, solo uno más.

Aria

jueves, 27 de diciembre de 2012

Inefable

Diciembre 28, 2012

        No quiero que el año acabe. No estoy lista para decirle adiós. Que tonta me escucho, hablandole a un año, a algo simbólico que reúne días y meses. Mi vida ha experimentado muchos cambios repentinos desde hace algunos años, y muchos de ellos no fueron tan buenos. Muchas veces me quejé por que los cambios no fueron por errores que yo hubiese cometido, pero allá la vida tendrá sus razones. Estos 12 meses sin embargo, han sido los más extraños, esporádicos y maravillosos que he tenido. Reí, lloré, sufrí, crecí, amé.  Y entre todos esos verbos, uno se destaca; crecí.

     Tuve la oportunidad de alejarme de quienes no valían la pena, y para mi sorpresa, fueron muchas personas; pude acercarme a otras cuya compañía me ha hecho mucho bien; he dejado atrás la estúpida etapa de ignorancia en la que vivía y así me descubrí. Se de lo que soy capaz ahora, se lo que doy, lo que puedo alcanzar si me lo propongo, se cuales son mis debilidades, y ahora puedo mantenerlas fuera de mi vida. Aunque fue un año de muchas primeras, pude decir adiós. Le dije adiós a quién era, y recibí a quién soy. Supongo que solo puedo ansiar que todo lo bueno que ocurrió no se haya debido solamente al tiempo, si no a un cambio permanente que me hacía falta.

Aria

viernes, 14 de diciembre de 2012

A mi banco de esperma

Diciembre 14, 2012

      Por si no lo sabías, mi número favorito es el 14, aunque el 22 le sigue. La historia de como se convirtió en mi número favorito es algo tonta, pues al ver a una niña hermosa y felíz en el colegio, le pregunté qué edad tenía, y su contestación fue esa; 14. Catorce. Dos dígitos, par, parecía perfecto. Esa sería mi edad de gloria. A los catorce el mundo sería mío, todo haría sentido. 

......

     Siempre supe que algo andaba mal. Llamalo intuición, o la explicación que le daba a tu falta de cariño, pero siempre lo supe. Recuerdo que de niña, disfrutaba de los momentos efímeros de felicidad que me brindabas, y atesoraba cada uno de ellos como mío, sólo mío. Solía pasar horas culpandome, incriminandome pensando que tu forma de ser se debía a mi. Me pregunté en más de una ocasión que habría hecho para que me odiaras tanto, y el tiempo me dio la contestación. No te hice nada. Nunca fue mi culpa. Tu incapacidad de amar no tenía nada que ver conmigo, sino con demonios que nunca habías terminado de batallar. 

     Ya he dicho en más de una ocasión, en este, mi blog que se que no lees, que en mi vida todo está al revés. Tú, quien está genéticamente arreglado a mi favor para ser mi heroe, no has sido más que el que me ha causado las más grandes heridas que mi corazón ha visto. Ahora, se que tus insultos no son certeros, comprendo que no hay nada que pueda hacer, pero no siempre fue así ¿sabes? Las cicatrices que de niña me afectaron siguen aquí, muy dentro de mi. 

     Una de mis muchas teorías, recuerdo, era que debido a mi corta edad, te parecía insoportable lidiar conmigo. Al paso de los años mi hipótesis fue claramente negada. Pues no hubo edad, ni siquiera a mis catorce, en la que no siguieras siendo mi peor enemigo. Nuestra historia no tiene final, pues aún te tengo aquí, hiriendome día tras día. 
Aria

jueves, 13 de diciembre de 2012

Suficiente

Diciembre 13, 2012

     No acostumbro a querer -del verbo, querer, desear- muchas cosas. En otras palabras, no soy caprichosa. Aún así, cuando decido hacer mis excepciones, no obtengo lo que quiero. Es irónico, pues a mi pensar, ya que mis excepciones no son comunes, cuando las haga, esperaría que el universo conspirara a mi favor, pero no, simplemente, no.

    En innumerables ocasiones he tenido que decir adiós, despidiendome así de la breve ilusión que iluminaba mis días. Muchas veces me he visto forzada a tolerar amistades que deseaba fueran algo más. Y en el peor de los casos, fueron tronchados mis inocentes sueños de niña en los que anhelaba hacer de mi vida una enorme, y no me veía interrumpida por la fatula discresión de los adultos. Por alguna razón, sigue siendo así. No he encontrado esa ecuación que me lleve a lo que quiero. Me han dicho que lo arriesgue todo, que cuando de veras se quiere algo se da el cuerpo y el alma por conseguirse, y lo único que he obtenido llevando a cabo ese consejo, han sido las cicatrices que adornan mi corazón. ¿Y entonces, acaso mienten?

Aria